
Nunca antes he sido tan feliz.
La alegría no me cabe en el cuerpo
y me voy a caer fuera de mí.
La bebida era cara, la música
aburrida, y nadie bailaba.
Pero hubo una chica que me gustó.
Me di coraje y me le aproximé.
La miré a los ojos y le susurré:
"Prestáme un peso para cerveza", y me dio.
Fui como un tiro a la barra y compré dos;
a la de ella le puse un roinol.
La minita Laura se llamaba;
a la hora bailaba en pelotas.
¡Ay, qué onda que tenía la loca!
¡Ay, qué onda que tenía la loca!
Laura, tenías los ojos como en formol,
pero yo no te hice la droga que sos,
Laura, vos ya eras así
cuando yo te conocí.